Director: Jerzy Kalina
1975
En una ciudad moderna y sombría de rascacielos, la vida transcurre como en una máquina movida por dos pistones. En la penumbra de los edificios de oficinas, funcionarios anónimos, como sacados de una novela de Kafka, teclean sin cesar en sus máquinas de escribir. De las máquinas registradoras caen monedas de oro, en las que se refleja un hombre con las proporciones perfectas de Leonardo da Vinci. Entre los pisos se deslizan figuras grotescas con rostros alargados y borrosos, mientras los habitantes miran a través de ventanas estrechas que, desde la distancia, parecen rejas. Seres deformes, como sacados de los cuadros de Bacon, se amontonan en los ascensores, viajando entre niveles. La plaza frente al edificio principal, una versión simplificada de Metropolis, está llena de una multitud compacta. Poco a poco, las figuras se unen en una masa caótica e irregular, empujada por una fuerza invisible hacia la orilla, donde domina una gran concha: símbolo…
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